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viernes, 25 de abril de 2014

La utopía del progreso: ¿se puede reducir el sufrimiento en la Tierra? Sobre el cambio permanente, las crisis y la evolución.

Vamos a hablar ahora de una idea profunda: la posibilidad de erradicar el sufrimiento en la tierra, el objetivo del progreso y la innovación.

Hoy día existe la creencia unánime de que el progreso es el camino correcto. Se considera que la humanidad va a mejor cuanta más tecnología descubra, implemente y utilice, y que la CIENCIA nos aporta más bienestar y felicidad. Es tan difícil sugerir siquiera que eso no es correcto, que podemos considerar que se trata de uno de los dogmas de la era moderna. Por progreso se suele entender “progreso tecnológico“, dando por hecho que eso también implica progreso social y progreso moral (es decir, mejora de la calidad del ser humano, de sus cualidades morales como la generosidad, bondad, respeto, humildad, etc). Sin embargo, eso es un grave error, porque es posible que no sólo no vayan de la mano, sino que incluso vayan en sentidos opuestos, ocurriendo que el progreso tecnológico (y las mejoras de productividad asociadas) estén enmascarando un declive ó decadencia moral. De ser así, el riesgo es mayúsculo: en el momento que desapareciera esa tecnología que nos hace tan productivos, afloraría toda la mediocridad oculta…

¿Son reales las percepciones que tenemos muchos sobre la degeneración de la juventud ó el ser humano siempre ha tenido la sensación de que la juventud “va por mal camino“? Es un tema largo, polémico y profundo, en el que no pretendo entrar en este artículo. Seguramente hay parte asociada al crecimiento de la edad media de la población, y parte real.

¿Es posible erradicar el sufrimiento? Según todas las religiones (desde el budismo hasta el catolicismo), eso no es posible. Desde un punto de vista científico, parece que se confirma.

La vida, la naturaleza, están en cambio contínuo. El CAMBIO, es decir, la DINÁMICA, son la forma de perpetuar la vida. ¿Cómo se consigue eso? Con un simple mecanismo iterativo de prueba y error, donde el AZAR (al menos aparente, para que no se enfaden los creyentes), tiene todo el protagonismo. Las mutaciones genéticas de todos los seres vivos son las que aportan revoluciones. A veces son insignificantes, otras veces son increíbles, para bien ó para mal.

Cada vez que se juntan un hombre y una mujer para engendrar un bebé, éste último incorpora cualidades de ambos, tanto buenas como malas. Y además, esa interacción puede generar alguna “mutación” ó cambio “imprevisto”. Sé que científicamente se puede expresar mucho mejor, pero no es mi objetivo. Me quedo con la idea esencial, la del cambio, la de la mezcla y el ensayo y error. Así funciona la vida: siempre probando cosas nuevas… a ver qué sale. Hay que cambiar, es obligatorio, y la diversidad favorece el cambio (aunque demasiada diversidad también podría tener efectos perversos).

Filosóficamente lo hemos tratado muchas veces. Todo lo que existe, existe gracias a su contrario, a su opuesto. Sin ese contrario, no se puede hablar de existencia. Frío y calor, día y noche, amor y odio, tristeza y felicidad, y un sinfín de opuestos, nutren la galaxia. Es otro tema que da para mucho. Aquéllos que pretenden anular la existencia del diablo, no se dan cuenta de que debe existir para que Dios exista. Conceptualmente, así debe ser. En el momento en que concluyes que el diablo no existe, entonces también anulas a Dios. No hay Dios sin Diablo, no hay bien sin mal…

Por eso, cada vez que la ciencia consigue controlar una enfermedad, debemos saber que aparecerán otras. Es ley de vida. ¿Es por tanto lícita la aspiración del progreso como dogma ó filosofía de vida para reducir el sufrimiento en la tierra? No lo sé, pero desde luego, es lícito tener dudas.

De la misma manera, dos personas buenas pueden “fabricar” un psicópata asesino, y dos personas malas pueden fabricar una buena. Porque la vida es mágica y no la podemos controlar. Quizá porque influyen trillones y trillones de variables, preferimos hablar de “azar”, resumiéndolo en algo modelizable matemáticamente, al menos de forma aproximada, reduciendo así una parte de la incertidumbre.

No sólo las mutaciones genéticas provocan cambios. También la influencia del entorno puede llegar a ser decisiva, y eso es algo que la ciencia moderna, capitaneada por el mercantilismo del capitalismo americano, muchas veces olvida. O quizá no lo olvida, sino que lo ignora voluntariamente, porque sin enfermedad diagnosticada (es decir, sin “etiqueta”), es mucho más difícil vender la medicina “que te cura”.

¿Qué consecuencias tiene eso a nivel financiero y económico?

Pues que las crisis son tan necesarias e inevitables como las enfermedades, porque sin enfermedades tampoco puede haber gente sana. Porque el cambio permanente que gobierna la evolución nos garantiza que para bien o para mal, en un futuro todo habrá cambiado. La prueba y error, mecanismo básico y fundamental de la vida, también se aplica a la economía. A veces sale bien y otras no. Por muy bueno que sea el verano, siempre llegará el mal tiempo.

Los experimentos históricos de la FED y otros bancos centrales, son un experimento histórico, algo que nunca antes se había visto en la humanidad. Puede salir bien ó no, pero que quede claro: es un experimento inédito. Es una respuesta a una crisis inédita. Es una adaptación al entorno, a la que seguirán otras. Cada inversor, consumidor, trabajador, empresario, etc, tomará decisiones en cadena, y se adaptará también al entorno. Según el capitalismo, eso se hará buscando siempre nuestro propio beneficio, y eso será beneficioso para la sociedad en general… ó no. La cuestión es que cada cambio provoca nuevos cambios. Quien hace la ley hace la trampa; los cambios en la normativa bancaria (Basilea) son cambios temporales: el sector financiero (y toda la economía) terminarán encontrando la forma de rodearlo y volver a cometer barbaridades.

De una forma u otra, volveremos a cometer errores, porque cambio significa acción, y acción significa tanto ‘error’ como ‘acierto’. Y como seres humanos supuestamente racionales, debemos intentar protegernos de catástrofes y desgracias, no cuando vemos el cielo gris, sino cuando hace buen tiempo. No sabemos de dónde llegarán, pero sabemos que llegarán. Porque son inevitables en un Universo donde el cambio es ley de vida.

Como inversores, AHORA es el momento de pensar cómo fortalecer nuestra estructura vital (y no sólo patrimonial). Aunque la mayoría sólo se asustarán cuando su destino ya no dependa de ellos y esté en manos de la masa. Dice un refrán bursátil: “sé codicioso cuando los demás son temerosos, y sé temeroso cuando los demás son codiciosos“. Difícil de aplicar.

Digo “ahora” por no decir “siempre”. En realidad, ahora es más fácil porque tenemos tiempo, no hay peligro de catástrofe inminente. En realidad todo inversor debería centrarse siempre en los riesgos. Eso es difícil para los optimistas vitales. Y un peligro para los pesimistas existenciales. En ambos casos, la realidad depende del color del cristal con que se mira, y lo difícil (casi imposible) es “ver la realidad tal cual es”.

Mientras intentamos ser lo más objetivos posibles, lo cierto es que comprender cómo funciona el mundo, cómo funciona la economía, es el primer paso para invertir con éxito. Y por eso considero que cualquier inversor debe ser ante todo, filósofo.


Este artículo ha sido publicado por Niko Garnier,
en el blog www.global-trader.net

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