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miércoles, 29 de enero de 2014

Independencia de Cataluña: la burbuja, el poder central y los cisnes negros, tres ideas para la reflexión


Mucho se ha dicho y escrito al respecto, y no soy ningún experto en la materia. Pero hay algunas ideas que llevo madurando un tiempo y me parecen relevantes.

La primera es llamar la atención sobre una realidad: ¿cuándo se produce el "movimiento" de independencia? Justo después de la mayor crisis occidental desde la segunda guerra mundial. ¿Casualidad? Evidentemente no. Las masas necesitan cabezas de turco y culpables a sus problemas. Es mucho más cómodo echar la culpa a los demás que asumir su responsabilidad. Lo que va implícito en todo el proceso es que la culpa de los problemas de Cataluña los tiene el resto de España, y en concreto el poder central.

Es increíble, pero a veces las hipótesis más absurdas y ridículas "cuelan", y la opinión pública las asume como verdad absoluta. ¿Cómo luchar contra eso? Difícil, porque se trata de fe, de dogmas, de creencias. 

En segundo lugar quiero comparar el caso francés con el caso español. En Francia hay un poder centralizado fuerte. El ministerio de educación es poderoso, y lleva decenios educando a los alumnos en la idea de una República, y fomentando la identidad nacional. En España, recuerdo que tuve un amigo de niño que se fue a vivir a Barcelona, y me escribió diciendo que estaba bien pero le estaba costando porque las clases eran todas en catalán y no había posibilidad de tenerlas en español. Recuerdo que eso me llamó mucho la atención.

Hace 30 años que por cuestiones políticas ó por lo que sea, Cataluña está formando a los niños en una fuerte identidad catalana. Seguramente han ido siendo concesiones a cambio de apoyo político a corto plazo. No debería sorprendernos entonces que exista ahora en Cataluña una fuerte identidad nacional (además de lo dicho antes sobre la crisis). Si la historia que se enseña en los colegios en cataluña no es la misma que en Madrid, ¿cómo pretender que se sientan parte de lo mismo? La situación actual es el resultado de los últimos 30-40 años de política "laxa", es decir, de un poder central "débil" (en comparación a lo que ocurre en Francia). La burbuja inmobiliaria en España y la crisis subprime de 2008 que funcionó como detonante (aguja que pincha la burbuja), son el "botón que activa la situación latente".

Así funciona la historia: sucesión de hechos, de realidades que se van solapando, sin ninguna intención clara a priori, ni forma de predecirlo. Algunos acaban viendo complots, pero eso es mera ilusión. Sólo son "circunstancias", que es de lo que va la historia. La forma en que Zapatero llegó a ser Presidente es lo que terminó de abrirme los ojos al absurdo de la "opinión pública", a la emoción pura como directora de nuestras acciones.

La tercera idea que quiero desarrollar tiene que ver con el carácter ilusorio de lo que nos cuentan como "Historia". El que haya leído (y comprendido) a Nassim Taleb, sabrá perfectamente de lo que hablo. La Falacia narrativa consiste en dar una explicación a posteriori que parezca no sólo posible, sino cierta. El ser humano necesita comprender, necesita darle un sentido a las cosas. Y prefiere tener una explicación, aunque sea mala (ó errónea), que no tener ninguna. Eso nos da seguridad. Preferimos antes una falsa seguridad que una auténtica incertidumbre.

Pues bien, lo que llamamos historia es un "cuento" que modela el pasado. Le damos forma a algo que es una abstracción. Y cuando intentamos observar el pasado sin prejuicios, vemos en realidad una sucesión de imprevistos y de azar, que no sólo son imposibles de vaticinar, sino que son invisibles e inconscientes para los contemporáneos. Un ejemplo: el término "Revolución industrial" se acuñó después; para nada eran conscientes los ingleses de la época de estar viviendo una "revolución". Y al revés: es natural que el ser humano considere siempre que está viviendo un momento "único" en la historia de la humanidad. A nadie le gusta pensar que es intrascendente...

Siendo la historia una sucesión de acontecimientos y giros imprevisibles, a menudo ocurre que nos salimos por la tangente. En ese sentido, me pregunto: ¿podría ser que el movimiento actual acabara provocando el efecto contrario? Es decir, un fortalecimiento de España como país y un debilitamiento de la identidad catalana a largo plazo? El desafío actual parece que tendrá consecuencias, hacia un lado ó hacia otro.

Si el proceso fracasa, quizá se podría revertir el proceso de los últimos 30 años: obligando a ofrecer la posibilidad de estudiar en castellano, unificando desde el poder central las clases de historia, etc, quizá dentro de otros 30 años la identidad catalana se haya diluído...¿? Es una mera conjetura, reflexiones en voz alta.

En resumen, las tres ideas centrales:
  1. Sin burbuja inmobiliaria salvaje y crisis subprime en EEUU, no estaríamos hablando de independencia de Cataluña. En 2006, en plena euforia, los catalanes estaban encantados de formar parte de España y de Europa.
  2. La situación actual es también consecuencia de los pactos políticos de los últimos 30 años, delegando cada vez más a cambio de apoyo político central. Una "debilidad" que seguramente es también reflejo y consecuencia de la opresión de la etapa franquista anterior...
  3. La historia es imprevisible. A veces el tiro te sale por la culata. ¿Y si al final todo este proceso provocara un efecto contrario, es decir, un fortalecimiento de la idea de Cataluña dentro de España?
Sea como sea, el proceso es tan incierto como lo fue el posible rescate a España: ni ellos saben cómo acabará. Lo único cierto es que es la crisis actual en Europa es inmoral, considerando las diferencias que sigue habiendo entre el nivel de vida en Europa y en Asia ó África; igual que es inmoral que se hable tanto de la independencia y no de todo lo que estos y otros políticos no hicieron para evitar una burbuja destructiva y todo lo que se asocia a ella (corrupción, paro...).


Este artículo ha sido publicado por Niko Garnier,
en la sección FILOSOFIA del BLOG de www.global-trader.net

sábado, 4 de enero de 2014

La ética en la banca, las empresas y el Estado: Sociedades Anónimas, capitalismo y democracia

Tuve un profesor de contabilidad en la universidad que decía que S.A. (Sociedad Anónima) significaba también “Sin Alma”.

Desde hace muchos años está de moda la ética en los negocios, el comercio responsable y justo (dando a entender que “normalmente” es injusto), las fundaciones de grandes corporaciones, etc. Este último punto siempre me ha chocado mucho, sobre todo en los bancos, que parecen querer lavar su imagen con “obra social”, lo cual para mí sólo empeora las cosas. Voy a explicarme.

El BIEN debe hacerse con la única finalidad de hacer el bien (y sentirse mejor quizá…). A partir del momento en que se hace el BIEN por cuestión de imagen, para beneficiarse directa ó indirectamente de esa actividad, entonces ya está bajo sospecha. Es decir, el BIEN no debe ser utilitarista, finalista.

Personalmente preferiría que la banca fuera totalmente transparente y más barata, antes que tener costosas fundaciones dedicadas a “hacer el bien”. Si quieren mejorar la sociedad, que se dediquen a hacer bien su trabajo, a cobrar menos a las empresas, y eso será de sobra suficiente. Si quiero hacer donativos a una ONG, ya me encargaré yo de ello, pero lo que me parece obsceno es que me cobren más comisiones en mi actividad bancaria para desviar parte de esos fondos hacia una Fundación-ONG encaminada a mejorar su imagen.

Por otra parte, la ética de las empresas en general es igual de discutible: a partir del momento en que vigilas tu comportamiento para tener buena imagen, ya estás bajo sospecha. Es de cajón: las empresas buscan hacer negocios y ganar dinero, y si los motivos de ser éticos y transparentes son tener buena reputación y prestigio, es obvio que no estamos ante una S.A. especialmente decente y caritativa, sino ante una empresa que sabe que debe tener un comportamiento intachable para seguir vendiendo.
De lo anterior se puede concluir algo importante: el incentivo de las empresas para ser éticas y honestas no es el BIEN “en sí mismo”, sino el poder seguir ganando dinero. Y en ese caso no se debería hablar de ética, sino de simple gestión y lógica empresarial, de un simple “hacer las cosas bien”. Las empresas no deberían vanagloriarse de su ética, porque por definición, un ente “Sin Alma”, no puede tener ética (ni buena ni mala).

Creo que la deriva actual es peligrosa, porque conduce a una deshumanización general de la sociedad y la economía, donde el BIEN ya no lo hacen los seres humanos (por ejemplo las Familias), sino instituciones ANÓNIMAS como grandes empresas y el Estado.


Del mismo modo en que no deberíamos mezclar churras con merinas en el ámbito empresarial, creo que cometemos otro error en el plano político: el Estado tampoco es una ONG responsable de hacer el bien, ó al menos no debería ser su actividad principal. Sin embargo, cada vez observamos más esa tendencia a “parecer buenos”, quizá porque obviamente eso da votos para ganar las elecciones. En la guerra, un General se puede ver obligado a  sacrificar un grupo de soldados para proteger al resto (a la mayoría). Es un dilema ético terrible, sin solución (a corto plazo). ¿Qué pasa cuando un ESTADO se enfrenta a un DILEMA ÉTICO de ese tipo y está más preocupado de su imagen que del resultado final para la mayoría? Es un problema serio, al menos en el plano teórico.