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martes, 19 de noviembre de 2013

iatrogenia y consejos negativos: Nassim TALEB, Robustez y Fragilidad, cap. 7.

Notas tomadas del Capítulo 7 del libro “Robustez & Fragilidad ” (On Robustness and Fragility), de Nassim Nicholas Taleb. ¡ Me gusta ! Dice cosas que seguramente mucha gente ha pensado siempre, y llevan años pensando, pero mientras no hay formulación matemática académica, no lo toman en serio, ó no penetra en ese círculo cerrado. En línea totalmente con el enfoque de este blog, y mis ideas de fondo, me limito a exponer ideas sueltas recogidas en su lectura.

No usar el mapa equivocado: el concepto de iatrogenia

Como dice Danny Kahneman, ciertas personas, si se pierden en los Alpes, prefieren recurrir a un mapa de los pirineos antes que a nada en absoluto.

Existen muchos estudios que demuestran que es nocivo disponer de una evaluación numérica de riesgos aún sabiendo que es deficiente. Buen número de experimentos han demostrado que los profesionales se ven muy influenciados por números que saben que no son correctos.

Ejemplo tonto: cuando escriben las 4 últimas cifras de su número de la seguridad social antes de dar su opinión sobre el movimiento potencial del mercado.

Ejemplo serio: jueces alemanes que echaban los dados antes de dar un veredicto, resultaron dar condenas dos veces más severas cuando esos dados mostraron números elevados.

Consejos negativos

Simplemente, evite colocarse en la zona del cuarto cuadrante (zona de cisnes negros).
En psicología se distingue entre actos de comisión y actos de omisión. Económicamente vienen a ser lo mismo (un euro no perdido es un euro ganado), nuestra mente no los va a considerar iguales. No obstante, las recomendaciones del tipo “no haga…”, son más sólidas empíricamente.

Desgraciadamente la gente no se da cuenta de que el éxito consiste esencialmente en evitar las pérdidas, y no en intentar obtener beneficios.

Los consejos positivos son generalmente cosa de charlatanes. Las librerías están repletas de libros que explican cómo tener éxito. No hay prácticamente ninguno que se llame “lo que he aprendido de mi fracaso/quiebra” ó “diez errores a evitar en la vida“.

Esa necesidad de consejos positivos tiene que ver con el hecho de que preferimos hacer algo antes que nada. Incluso en los casos en los que hacer algo es peligroso.

Llevo doce años explicando que en muchos casos es mejor no disponer de ningún modelo, antes que hacer uso de las elucubraciones matemáticas actuales. Desgraciadamente, esa ausencia de rigor es omnipresente justo donde menos nos esperaríamos encontrarla: la ciencia institucional.

La CIENCIA, particularmente en el campo académico, no encaja bien los resultados negativos, y menos aún determinar y explicar los límites de su conocimiento. El sistema de recompensa no está adaptado a ello.

iatrogenia y nihilismo

La medicina (hermana de la filosofía), apenas lleva un siglo salvando vidas. Y en un principio, la bajada de las tasas de mortalidad se debió seguramente mucho más a la toma de conciencia de la importancia de la higiene y al descubrimiento (aleatorio) de los antibióticos.

Movidos por una abominable ilusión de control, los médicos estuvieron mucho tiempo matando a sus pacientes, porque pensaban que “no hacer nada” no era una opción válida (se consideraba nihilista).

El concepto iatrogenia, es decir, el estudio del mal provocado por el curador, no es nada conocido, y mucho menos fuera de la medicina. Incluso en medicina, el concepto antiguo (de la antigüedad) de “no hacer el mal“, ha reaparecido muy tardíamente (años 50), debido a lo arrogante que se ha mostrado la ciencia desde la época del iluminismo. ¿Cómo pueden los profesionales hacer el mal durante tanto tiempo en nombre del conocimiento y acabar tan bien?
Hipótesis: las religiones han salvado vidas alejando a los pacientes de los médicos, porque conseguían satisfacer la necesidad de la ilusión de control de otra manera.

La ciencia post-iluminismo y su hija, la ciencia espectáculo, han tenido la suerte de efectuar grandes progresos en física (lineal), química e ingeniería. Es hora de centrarnos en algo que se ha ignorado durante mucho tiempo: establecer un mapa de lo que el conocimiento y los métodos actuales no nos permiten hacer, y realizar un estudio riguroso de la iatrogenia científica generalizada, es decir, el mal que la ciencia puede provocar, y de hecho ha provocado.


En un próximo artículo hablaré de las reglas de la FRÓNESIS (sabiduría práctica en el sentido aristotélico). ¿Cómo podemos aplicar estos conocimientos en la vida diaria, en la práctica?

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