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sábado, 6 de julio de 2013

Con Preferentes y con cualquier acto deshonesto: El principio general de un castigo superior al beneficio

En EEUU si compras un producto en mal estado en el supermercado, te devuelven el dinero y te regalan un nuevo producto en buen estado. Es decir, pierden dinero. He vivido varios ejemplos personalmente, como un bote de cacao ó una camiseta, en ambos casos me los llevé a casa antes de tener que volver a la tienda a reclamar.

La atención al cliente es exquisita, y la mejor prueba de buena voluntad es que “sales ganando” porque al final te llevas un producto gratis.

La clave es que si se equivocan, les cueste dinero. Si no, ¿qué incentivo tiene la empresa para evitar ese incidente en el futuro?

Con las PREFERENTES en España ocurre lo mismo. Si se devuelven sólo unas pocas, la pérdida de la banca es parcial. Es evidente que hubo estafa intencionada, se hicieron muchas cosas mal. La única forma de que la banca ponga TODOS LOS MEDIOS para evitar este tipo de engaños, es que el coste asociado al error sea superior al beneficio.

Ese principio debería ser absoluto y aplicarse a todos los niveles. Por ejemplo, al nivel de robos y otros delitos menores, la ley “falla” porque los delincuentes pierden muy poco cuando les pillan, comparado con lo que ganan cuando nos les pillan (e incluso cuando les pillan…).

Es pura teoría de juegos, pura racionalidad: ¿cuál es el comportamiento racional si puedes ganar 100 y perder 80 por ejemplo (suponiendo equiprobabilidad)?

A poco que nos pongamos a pensar, pueden salir muchos ejemplos más:
  • Cuando un grupo de empresas pacta un precio y manipula el mercado, la multa que les pone la comisión de competencia suele ser ridícula en comparación con lo ganado. El incentivo para dejar de hacer ese tipo de prácticas delictivas no existe.
  • Cuando tu compañía telefónica te cobra de más, ó una avería te deja sin línea durante dos días, ¿de cuánto es la indemnización? Si se limitan a devolverte la parte proporcional, no hay incentivo. Debería tener una penalización extra, un coste adicional que les obligue a extremar las medidas para evitar que se repita.
En resumen, cuando la multa ó el castigo aplicado sea inferior al beneficio obtenido con el delito, es evidente que no existe incentivo para erradicar esa conducta, y podemos incluso dudar de que el legislador u organismo correspondiente tengan realmente la intención de erradicar esa conducta. 

Podríamos hacerlo más complicado aún si tenemos en cuenta la tasa de éxito de esos delitos, es decir, el porcentaje de delitos (estimados) que “no se pillan” y por lo tanto no tienen castigo. Por ejemplo, si Telefónica cobra de más en sus facturas, es probable que una parte de la gente no se den ni cuenta ó no reclamen. Supongamos que un 40% de esos “errores” ni siquiera se reclaman, entonces el castigo para Telefónica en los errores que sí se reclaman debería de ser mucho mayor, para evitar que globalmente salga beneficiada.


Razonamientos y principios lógicos… que pertenecen más al mundo de la utopía que a la realidad. Mi granito de arena para que demos un pasito en la buena dirección. Todo ello motivado por las recurrentes noticias sobre el escándalo de las Preferentes, donde verdaderamente uno tiene la sensación de que la Banca al final siempre gana…