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domingo, 7 de abril de 2013

CORRUPCIÓN Y LÍDERES COMPETENTES: La corrupción no es el mayor problema cuando faltan líderes valientes y visionarios

Dicen que Richelieu fue el mejor primer ministro que ha tenido Francia. Se le describe como un cínico hambriento de poder. Quizá fue un corrupto, supo maniobrar entre los múltiples círculos de poder, aliándose incluso con los protestantes (él era católico) si eso era útil para sus fines. Pero su talento como líder engrandeció el poder, riqueza y bienestar de Francia.

Me importa bien poco que nuestros gobernantes sean corruptos: eso es intrínseco a la naturaleza humana y al sistema político, que por definición atrae a los ambiciosos que quieren poder y gloria. ¿De qué nos sorprendemos? Siempre ha sido así, no es nada nuevo. Lo del “servicio público al ciudadano” es una de las trampas de la razón, uno de los engaños más habituales. Hay muchas formas de ser útil a la sociedad, muchísimas, empezando por ayudar al vecino y al “prójimo” (es decir, el que está “próximo” a mí, no necesariamente el que se encuentra a miles de km). Digamos que el político no es precisamente el modelo de buen samaritano que tengo. Me hace gracia cuando oigo algún político venderse como un ejemplo de bondad y servicio a la comunidad.

El verdadero bien es anónimo y altruista: no sacamos nada (salvo nuestro bienestar y felicidad), ni materialmente ni a nivel de prestigio ó reconocimiento, puesto que es anónimo. El que monta una fundación con su nombre después de haber amasado una fortuna, ¿realmente puede considerarse un modelo?

Para ayudar y mejorar el mundo hay infinitos caminos. Decir que quieres mejorar el mundo a través de la política es cuanto menos una afirmación difícil de demostrar, polémica y discutible. Las religiones y filosofías llevan siglos vendiendo otro mensaje: el mundo mejorará si nos mejoramos a nosotros mismos, si mejoramos a las personas; la política pretende mejorar el mundo a través del sistema, sin que eso suponga esfuerzo ni sacrificio de los seres humanos que conformamos este mundo. Pero no es el mensaje principal de este post.

La idea que quiero transmitir es que prefiero mil veces gente competente, líderes inteligentes y capaces, aunque sean corruptos, que gente honesta pero mediocre. Obviamente lo peor es un corrupto mediocre, que es lo que abunda. Pero habría preferido mil veces que nuestros líderes hubieran evitado y nos hubieran salvado de la locura de una burbuja inmobiliaria. El DAÑO provocado a España por la IRRESPONSABILIDAD de nuestros líderes y gobernantes (ya sean del gobierno, del banco de España, de directivos de la banca, de sindicatos, notarios, etc) es muchísimo mayor que el daño provocado por la corrupción, incluso considerando los efectos colaterales de destrucción que provoca dicha corrupción.

La inacción y la complicidad durante los años 2003-2007, cuando era EVIDENTE esa burbuja, es algo mucho más CRIMINAL que los 20 ó los 200 millones que pueda haber robado el Bárcenas de turno. Eso es calderilla para el país. Los 200.000 millones de euros (por poner una cifra) invertidos en vivienda, es un daño irreparable. La asignación de recursos tan criminal es el verdadero problema, y de eso somos responsables todos, pero en teoría mucho más los líderes, los que se suponen que “saben” y deben guiarnos.

La economía trata de eso: la asignación eficiente de recursos. Pues bien, la asignación de nuestra economía durante los 10 años previos a 2007 es un ejemplo de despilfarro histórico. No sólo asignación de recursos, sino todavía peor: endeudamiento para fabricar cosas que luego no vamos a utilizar. ¿Puede haber ejemplo de mayor estupidez?

Para terminar, dejo la reflexión abierta porque el tema da mucho de sí: ¿por qué actúan así esos “líderes”? Muy fácil: porque si no lo hacen, la sociedad los reemplaza por otros líderes que les dan lo que quieren ver y oir. Así pasa en la banca y en las empresas: en época de euforia, el directivo que no invierte y no hace lo que todos, es expulsado y reemplazo por uno que sigue la línea general. Así pasó con las subprime, con los endeudamientos etc.

Solución: RESPONSABILIDAD por los actos, y eso sólo se consigue vinculando los centros de poder a la propiedad. Es psicología pura: la naturaleza humana nos lleva a no responsabilizarnos de lo que no es nuestro. Eso pasa en empresas dirigidas por asalariados y donde no hay accionistas de referencia, eso pasa con la política que administra bienes de otros (de todos), etc.

En resumen, me parece mucho más grave un inútil que un corrupto al mando del timón. De hecho, me parece ridículo el sueldo de un presidente del gobierno. Debería cobrar 100 veces más, siempre que fuera realmente un líder que haga mejorar el país. Al final lo barato sale caro. Pagar poco a un presidente puede salir carísimo si nos lleva al precipicio. El problema es que en el año 2003 un candidato que hubiera querido poner freno a la locura inmobiliaria seguramente no habría sacado ni un 2% de votos. Y ahí topamos con los límites de la democracia, considerado el sistema perfecto por nuestras sociedades contemporáneas, cuando no lo es. El problema no es que no lo sea, sino que pensemos lo contrario, y a la vez despreciemos sin entenderlo, el sistema medieval (por poner un ejemplo del pasado). No somos capaces de ver los fallos modernos y a la vez caricaturizamos el pasado. ¿Es eso sabiduría? Más bien parece lo contrario.

La fuerza de la democracia es la libertad. Vivir en una sociedad libre es la revolución. En la democracia siguen fallando las masas. Es lo mejor que hemos encontrado hasta ahora, y mejor no tocarlo hasta que no tengamos algo mejor. Pero está lejos de ser perfecto. Si lo fuera, los mejores líderes nos habrían llevado a evitar la crisis subprime (que algunos sí supieron ver) y la burbuja inmobiliaria en España (que era una evidencia para muchos). O nuestros líderes no quisieron ó no supieron verlo, ó los votantes (el pueblo) no se lo permitió. Haber evitado una catástrofe es mil veces mejor que arreglarla cuando se ha producido. Pero al evitar desgracias, el reconocimiento del pueblo es también mil veces menor. Un ejemplo fácil: si el gobierno USA hubiera evitado los atentados del 11-S, seguramente su prestigio sería casi el mismo.


Como vemos, la ecuación es complicada. Lejos de ser perfecta. Pero insisto: la corrupción me parece un mal menor comparado con la ausencia de verdaderos líderes que nos hagan la vida más fácil y nos eviten grandes desgracias (muchas veces evitables, como la burbuja inmobiliaria).

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