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jueves, 24 de enero de 2013

Más normas restrictivas y examen de conducir más duro: avanza el Estado, retrocede el Individuo

Dicen que van a endurecer el examen del carnet de conducir, tanto el teórico (cuya base de datos pasará de 800 a 15.500 preguntas) como el práctico (duración mínima 25 minutos, y preguntas de mecánica y mantenimiento general). No me parecen mal algunas de esas medidas, sin duda hay mejoras. Pero el enfoque general me sigue pareciendo equivocado, fiel reflejo del rumbo de las sociedad.

Se plantea por ejemplo reducir la velocidad en carreteras secundarias de 90 a 70 km/h. Quizá en algunos casos sea correcto, pero más me parece que el problema no está en endurecer las normas, sino en hacer cumplir las que ya existen. De nada sirve bajar el límite a 70 km/h si la gente que vive en la zona y se conoce las carreteras, es la que ya supera holgadamente los 90 km/h.

En realidad, estamos con el problema de fondo más grave en la sociedad actual: la creencia de que legislar es igual que educar. El dogma consiste en considerar que el Estado es quien debe asumir el rol de educar y formar (en sustitución de la familia u otras unidades “informales”). Cuando digo Estado me refiero a todas sus variantes, lo cual incluye en parte el colegio (aunque eso es otro tema largo y delicado). Si la mejor (y única) forma de conseguir que la gente no tenga un determinado comportamiento es prohibirlo, mal vamos. Muchos dirán que no es la única, que hay otras. Pero a mi alrededor sólo oigo hablar de eso. Nadie habla del origen moral y filosófico de los “valores”, de sus fundamentos, de su lógica, etc.

Digamos que hay varias formas de conseguir que el ser humano se comporte de una determinada manera. Eso son los valores, que van mucho más allá de la “legalidad”. De hecho la legalidad es reflejo de los valores.

Durante siglos, la Iglesia y la religión (en Europa) se encargaban del “control de las masas”, lo cual nos incluye a todos (porque todos somos parte de la masa). El “miedo” es sin duda un elemento de control. Las creencias sobrenaturales han sido en toda la historia de la humanidad un importante elemento de auto-regulación. Para bien ó para mal, al margen del juicio moral que nos merezca, lo cierto es que es una forma muy efectiva (práctica) de regular comportamientos (otro tema polémico).
El problema es que hemos borrado eso de un plumazo sin preguntarnos cuáles serían las consecuencias. Creo que fue Lord Byron el que dijo: “Cuando la gente deja de creer en Dios, empieza a creer en cualquier tontería“. La imposición del Estado puede no ser suficiente. El mejor control es el autocontrol. Pero, ¿cuál es su origen? Lo inculcado en la niñez a través de la educación (en la familia y el colegio), es primordial.

Aquí entramos de lleno en un debate largo y profundo: el de la libertad y la responsabilidad. Porque al suprimir el miedo a lo sobrenatural, nuestras sociedades contemporáneas y modernas han dejado paso a un vacío que se debe rellenar.

Vivir en una sociedad libre implica una máxima responsabilidad individual. En la medida en que no ejerzamos esa responsabilidad, ó no aprendamos a hacerlo, la libertad retrocederá de nuevo. No se puede ser libre sin ser responsable. Si somos libres de endeudarnos para comprar una casa, debemos ser responsables y asumir las consecuencias. Si después queremos eludir esa responsabilidad alegando desconocimiento y mala información ó abuso, entonces estamos rompiendo las reglas del juego, y el sistema no funcionará. Por eso antes de querer ser libre habría que preguntarse: ¿estamos preparados?

El tema de la libertad y la responsabilidad es la clave. Si el Estado intenta imponerse más y más, es que intenta suplir las carencias que como individuos tenemos. Si fuéramos perfectos, no necesitaríamos Estado. Cuanto más Estado, menos individuo, menos libertad, menos responsabilidad.
Una vez expuestos estos razonamientos teóricos, quiero volver al tema inicial y con eso termino.

En mi opinión el problema de la conducción (en España y fuera también) no es un problema de leyes y normas, de límites y controles radar, sino de educación y respeto. De caballerosidad. La misma educación que se tiene fuera del coche. Estoy harto de ver la agresividad de la gente al volante. Ejemplos:
  • La aceleración a la salida de una rotonda, ó de un semáforo, ó simplemente de parado, nos muestra qué tipo de conductor (y de persona) tenemos delante. Acelerar con agresividad no es ilegal (salvo conducción temeraria), pero a mi juicio es igual de reprobable que otras conductas que sí están penadas. Es molesto para los demás, de mala educación, pero tan habitual…
  • No respetar la distancia de seguridad no es sólo un tema de seguridad, sino también de respeto y educación: tanto por la persona que está delante (a la que molestamos y podemos asustar), como por los ocupantes del vehículo (que pueden sentirse incómodos e inseguros, en ésta y en otras muchas circunstancias donde el conductor está siendo agresivo). Se puede respetar la ley y no superar el límite de velocidad, y aún así tener un comportamiento incorrecto y reprobable.
En la medida en que la ley tiene que intervenir para prohibir cada vez más comportamientos, nos hacemos una idea de lo “decadente” de una sociedad respecto al ideal perseguido. Está prohibido hablar por el móvil mientras se conduce, pero hay otras muchas cosas que no lo están (explícitamente, como comerse una hamburguesa), ó al menos no te ponen multa por ello.


Si hay que legislar, se legisla. No digo lo contrario. Pero sigo echando en falta un debate más profundo, unas reflexiones más “filosóficas”, incluso metafísicas, sobre la vida, el rol del ser humano, el sentido de la vida, etc. En la medida en que todo eso está ausente totalmente de los medios de comunicación y del debate social, siento que los análisis y razonamientos que oigo a mi alrededor se quedan cojos, muy cojos. El debate social me parece muy pobre. Y es una de las razones de ser de éste blog sobre Bolsa y Filosofía: es mi granito de arena (teórico).

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