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sábado, 12 de enero de 2013

La paradoja del capitalismo: propiedad de todos, propiedad de nadie

Publica hoy el diario Expansión que los principales directivos de empresas del Ibex han doblado sus participaciones en los últimos años, aprovechando la crisis. Buena parte se ha debido al cobro de “stock options”, o sea, bonus en forma de acciones. Sin duda es un excelente indicador que confirma que los peces gordos (que pueden) aprovechan las crisis para comprar, como debe ser.

Pero lo interesante que motiva este post es la tabla donde muestran las participaciones de estos directivos. Os pongo algunos ejemplos:

César Alierta, Presidente de TELEFÓNICA, posee el 0,097% de la empresa que dirige.
Pablo Isla, Presidente de INDITEX, posee el 0,058%.
Ignacio Sánchez Galán, Presidente de IBERDROLA, el 0,091%.
Francisco González, BBVA, 0,051%.
Antonio Brufau, REPSOL, 0,022%.

Y éstos son los que MÁS tienen, el resto va descendiendo hasta porcentajes cercanos a CERO.
¿Qué os llama la atención? ¿Nada? Para mí está clarísimo: los porcentajes bajísimos, prácticamente NULOS. Esa es la GRAN PARADOJA DEL CAPITALISMO del siglo XXI. Es el GRAN RETO de cara al futuro, origen de los problemas y la DERIVA del capitalismo en las últimas generaciones.

En los albores de la revolución industrial, los CAPITALISTAS eran los dueños del capital. Ya fueran bancos ó industrias, los banqueros eran los DUEÑOS Y DIRIGENTES de sus empresas. Hoy día eso ya no es así. “Capitalista” significa “DUEÑO DEL CAPITAL”, ya sea dinero ó máquinas (por simplificar).

¿Quienes son los “capitalistas” hoy? Pues los fondos de inversión, que diversifican. Detrás de esos fondos están las personas, los ricos, pero también la clase media occidental, que consciente ó inconscientemente invierte. Ya sea directamente ó indirectamente a través de fondos de inversión, fondos de pensiones, aseguradoras… e incluso fondos estatales.

Lo que ha ocurrido es LA DEMOCRATIZACIÓN DEL CAPITALISMO. La bolsa se ha vuelto muy popular desde los años 80, en todo el mundo occidental. La atomización de las participaciones en empresas ha producido un vacío de poder: el capitalismo ha cambiado. Como me gusta tanto decir, LOS EXTREMOS SE TOCAN, y algo que es “propiedad de todos”, en realidad se comporta como si fuera “propiedad de nadie”. El barco acaba yendo a la deriva…

En la tabla de arriba podemos ver que esos no son dueños de nada, aunque la gente los asimile a “empresarios” y “capitalistas”. Por supuesto que lo son, puesto que invierten gran parte de su patrimonio en su propia empresa. Pero sólo son la punta del iceberg. En realidad son SIMPLES ASALARIADOS.

El PROBLEMA GRAVE tiene múltiples facetas y consecuencias:
  • Son empleados que cobran un sueldo enorme, a veces totalmente desproporcionado (sobre todo en EEUU, la meca del capitalismo)
  • Se comportan como si fueran amos y señores de la empresa de la que sólo poseen el 0,0X%
  • Y por último pero no menos importante, no son (ni los hacen) realmente RESPONSABLES de su gestión. Es un juego GANADOR-GANADOR, porque si lo hacen mal lo peor que les puede pasar es que les despidan (con indemnizaciones y sin devolver el sueldo cobrado) y si lo hacen bien, se llevan todos los honores.
  • Anexo: la visión de corto plazo (1 año, ó unos pocos años como máximo) es otro error, un agravante.
Es muy difícil medir el verdadero valor añadido que aportan esos gestores. Pero de entrada, el enfoque es erróneo, porque se comportan como si fueran dueños, y los accionistas (muy repartidos en grandes multinacionales) rara vez actúan al unísono y dando directrices claras. Al revés, son los directivos los que dicen a los accionistas lo que hay que hacer…

Curiosa cara la que ha adoptado el capitalismo. Y por ahí vienen los problemas.


CONCLUSIÓN PRÁCTICA
Como inversores (o gestores), esto significa que aquellas empresas FAMILIARES (que todavía quedan), donde la mayoría del capital está controlado por un núcleo duro y estable, que interviene en la gestión, son las empresas que deben atraer nuestra atención, porque a medio y largo plazo serán las más estables y fiables. En paralelo, las grandes multinacionales sin dueño claro, corren el riesgo de entrar en derivas incontroladas. Esa sería, a grandes rasgos, la política a adoptar, aunque el tema da para mucho más allá de ésta artículo.

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